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El redescubrimiento de la piel

Una imagen de la J.Bella, antigua fábrica que acoge el Clúster de la Piel, lleva la de Joan Solé.

 “La mayoría de diseñadores usan la piel como si se tratara de un tejido. Es una pena, porque así se están desaprovechando las infinitas cualidades de este material” Ese es el diagnóstico de Jordi Ribaudí, un diseñador de producto de Igualada que, desde hace dos años, ha fundado su propia editora con un único objetivo en mente: crear mobiliario con cuero y piel, ampliando la visión de los diseñadores sobre este material. Ribaudí y su firma forman parte de los muchos actores que trabajan en Igualada para dar visibilidad a su producción de piel y ampliar los usos que con esta preciada materia prima se proponen.

Trabajo con pieles en el interior de una adobería de Igualada, con los tradicionales “bombos” de fondo. Es una imagen de Joan Solé.

Desde hace dos años, Igualada ha puesto en marcha Igualada Leather Cluster, una organización que aglutina a todas las entidades que se mueven alrededor de la piel y el proceso de curtido. Aunque esta agrupación es reciente, la actividad curtidora cuenta con siglos de tradición en Igualada. “La primera documentación sobre el curtido de pieles data de 1340”, puntualiza Cristina Lladó, Responsable de Comunicación del Cluster. “Queremos coordinar y potenciar todas las entidades relacionadas con la piel. Los curtidores pero también el campus universitario (el único en Europa que cuenta con un grado superior en ingeniería química del cuero), escuelas de artes y oficios o el Museo de la Piel o la depuradora, sin la que la industria de la piel no podría funcionar de forma sostenible”, explica Lladó.

Clientela de lujo

Aunque el mérito del éxito de la piel en Igualada, la tiene la calidad que le insuflan los curtidores locales. “La piel de Igualada está entre las mejores de Europa. Y, a la vez, todavía conserva un precio atractivo. Los clientes valoran mucho la calidad y cuidado que ponen nuestros curtidores en la elaboración de la materia prima, utilizando unas técnicas tradicionales. Aunque la nueva generación de curtidores no les importa, mezclan esas técnicas con una apuesta por la innovación. Y por supuesto, un factor crucial es que la piel que producimos es sostenibilidad”. Y es que un 85% de la piel que se produce en la ciudad acaba en los bolsos, zapatos y prendas de firmas como Louis Vuitton, Hermés, Loewe, Gucci y otras marcas de lujo.  Sin embargo, este área se le ha quedado pequeña a los curtidores de Igualada, que buscan diversificar su clientela tanto como enfrentarse a nuevos retos creativos. Eso se debe, en gran parte, al mencionado cambio generacional.

Retos técnicos y creativos

Precisamente esta labor más colaborativa, ha hecho crecer el interés por parte de unos y otros en trabajar juntos, aunque tradicionalmente, los curtidores de Igualada se han dedicado más a la producción de materia prima para la industria de la moda y los complementos. Es el caso, por ejemplo, de Jordi Ribaudí, con cuya reflexión sobre el uso de la piel, abríamos este artículo.

La silla Clop con respaldo creado íntegramente en piel de vacuno en el estudio de Jordi Ribaudí, precisamente situado en una antigua adobería.

Ribaudí, como muchos otros profesionales de la zona, viene de una familia de curtidores. “Desde que empecé a diseñar tuve en la cabeza la idea de trabajar con la piel como materia prima”. Finalmente, hace un año y medio fundó Toru, una editora de mobiliario basado exclusivamente en el uso de la piel. “Quiero pensar que es mi forma de aportar mi grano de arena en esta industria tan ligada a nuestra historia. Quiero dar visibilidad al material y explorar sus cualidades”. Para ello, quería además contar con el conocimiento de los curtidores y establecer una relación de iguales con ellos. “Eso te permite hacer pruebas, experimentar, y probar cosas nuevas y diferentes. Yo les pido lo que me gustaría tener, ellos me responden cuál es el proceso que siguen y cómo podría llegarse a algo como lo que busco. Es un toma y daca que nos beneficia a las dos partes”.

Es algo que sabe bien Ricard Vila, también diseñador de producto e interiorista igualadino. Vila también desciende de varias generaciones de curtidores: “Mi relación con los curtidores está íntimamente ligada a la vida familiar”, explica Vila.

La piel como revestimiento de paredes, en baldosas autoadhesivas y con acabados inéditos. Es el proyecto Smoowe de Ricard Vila. Imágenes cedidas por el estudio.

Quizá esa implicación tanto emocional como profesional, ha llevado a Vila a experimentar con la piel de maneras atípicas. “En mi estudio creamos un revestimiento de pared de piel. Se trataba de una suerte de baldosas de diferentes formas con las que se podían componer diferentes motivos y texturas. Trabajamos codo con codo con la adobería buscando unos acabados que no se habían realizado nunca. Se trataba de hacer estampación sobre piel, tratar la piel como un tejido. Mezclamos muchas técnicas y disciplinas. Pero a la vez la piel estaba montada sobre plástico y las piezas eran autoadhesivas que podían montarse como un puzzle. Lo utilizamos en unas oficinas en Doha (Emiratos Árabes Unidos) y nos permitió abrir mercado en esos países”, explica Vila refieriéndose a Smoowe (que puede verse sobre estas líneas). 

La implicación de Ricard Vila con la piel va más allá de utilizarla en sus proyectos. Vila trabaja muy de cerca con el Gremio y el Clúster para impulsar el uso de esta materia prima por el sector del interiorismo “Luchamos para que la piel deje de ser un material asociado a la marroquinería y empiece a verse como un material más para diseñadores e interioristas”, afirma entusiasta. Para ello está redactando un documento junto con el gremio “El objetivo más que dar aplicaciones concretas, se trata de describir todas sus propiedades para que sean los creadores los que la utilicen según sus necesidades”

Algunas de esas cualidades son también reconocidas por Jordi Ribaudí. “La piel es un material excepcional”, cuenta: “Puedes manipularlo de muchas maneras. Puedes utilizar la totalidad de la piel, que tiene un grosor de 6mm y que es extremadamente resistente. En ese estado, la piel puede moldearse. Si el diseñador interviene en el proceso mismo de la manipulación de la piel es muy interesante, porque te permite llegar a nuevas soluciones a nivel estético”.

El Clúster tiene un papel crucial en este tipo de colaboraciones: “ Los diseñadores nos contactan y, en función de las necesidades del proyecto, les ponemos en contacto con determinados curtidores que pueden darles respuesta. Contamos con una red de curtidores implicados con este tipo de proyectos, que abren las puertas de sus talleres y les ofrecen pequeñas cantidades de piel para que puedan llevar a cabo su producción”, puntualiza Cristina Lladó, invitando de paso, a todos los REDMembers que quieran experimentar con esta materia prima a hacer lo mismo: “Nuestros curtidores están deseando investigar nuevos procesos y acabados para el mundo del diseño”, concluye Lladó. Tomamos nota.

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